Garcinarro y El Valle de Altomira

Garcinarro es una localidad de 83 habitantes (según datos del INE de 2020) situada en la comarca Alcarria de Cuenca (Castilla-La Mancha). Es la capital de El Valle de Altomira, municipio que conforma junto con los pueblos de Jabalera y Mazarulleque. Forman parte de los municipios ribereños por su cercanía con el pantano de Buendía, a unos 15 minutos en coche. Cuenta con tres bares, dos tiendas y tres casas rurales. Celebra sus fiestas patronales el 15 de mayo (San Isidro) y el 15 de agosto (Virgen del Sagrario). 

 

Garcinarro empieza a aparecer en los papeles de la historia con una denominación reconocible y atribuible a esta localidad a partir de la batalla entre las familias Castro y Lara, que tuvo lugar en 1164, aunque estaba habitado desde mucho antes. En sus orígenes se conocía como Garcinavarro o Garcibafarro, luego como Garcinaharro (siglos XV-XVIII) y finalmente con su actual grafía, que comenzó a usarse a finales del siglo XVIII. Debe su nombre García Fernández, conocido como García Navarro por ser de Navarra. Se piensa que fue él quien llevó a cabo la repoblación de estas tierras con colonos venidos principalmente de Navarra. También tomó parte destacada en la citada batalla contra los Lara, liderando el bando de los Castro junto con su primo Fernando Ruiz de Castro y dando nombre al pueblo en cuyo término se desarrolló la contienda. Pincha para más información.

Garcinarro Iglesia

     iglesia nuestra señora del sagrario 

Además del yacimiento arqueológico de La Cava y su Entorno, Garcinarro cuenta con rico patrimonio histórico en el que destaca la iglesia renacentista Nuestra Señora del Sagrario, declarada monumento histórico artístico de carácter nacional en 1982 —hoy es Bien de Interés Cultural (BIC) de la Junta de Castilla-La Manchapor ser “uno de los mejores ejemplos de la arquitectura del siglo XVI”. Sin embargo, para sus vecinos es "más que un monumento o templo religioso" pues aseguran que “logra reunir las sensibilidades y el orgullo de todo el pueblo”, sean creyentes, agnósticos o ateos. Ellos hacen posible su mejora y su esplendor pues algunos desean que el edificio recupere la antigua torre, derribada en 1925 por las grietas que habían aparecido en sus paredes y la amenaza de desplome que presentaba.

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Su construcción comenzó a mediados del siglo XVI bajo la dirección de Pedro de Alviz, reconocido maestro de la arquitectura de esa época. A su muerte, en el verano de 1545, estaba sin terminar y su viuda transfirió el encargo a uno de sus colaboradores, Juanes de Andute, quien continuó la obra tal y como estaba proyectada, aunque se añadieron elementos constructivos y decorativos de los siglos XVII y XVIII. Diferentes acontecimientos históricos dejaron huella en el edificio y su contenido. El 23 de diciembre de 1809 la asaltó un destacamento francés y durante la Guerra Civil se destruyeron imágenes, como  una talla del siglo XV y se perdieron ropas y ornamentos que se llevaron al Obispado de Cuenca, algunos sin inventariar. El paso de los años hizo necesaria la restauración de la cubierta a mediados de los 90, teniendo que sustituir la antigua estructura de vigas de madera por otra moderna de metal y cerámica.

Construida en sillería, posee varios contrafuertes, cabecera plana, planta rectangular, torre y dos portadas. A la izquierda de la principal (y de acceso en la actualidad), se ubica la torre del siglo XVII y a la derecha el paramento con dos contrafuertes entre los que se abría una portada hoy cegada, coronando la parte superior de este muro dos ventanas con arcos de medio punto. La otra fachada consta de cuatro altos y salientes contrafuertes resaltados a media altura, teniendo en el centro de su eje la otra portada del templo, de estilo barroco de la primera mitad del siglo XVII. Su interior lo forman tres naves de igual altura y diferente ancho, mayor la central. Desde los tres pares de grandes y esbeltas columnas cilíndricas se alzan los nervios que dan lugar a unas bóvedas de crucería.

Preside la parte superior del retablo (probablemente fue diseñado por Julián Martínez de Mendizábal, autor del sagrario) el lienzo con ‘La Coronación de la Virgen’, atribuido a Andrés de Vargas y le acompañan en el resto del edificio otras pinturas y esculturas barrocas, destacando ‘La Adoración de los Pastores’, atribuida a José de Ribera.

En Garcinarro se mantiene desde el siglo XIX una única y original. La noche del sábado al Domingo de Resurrección tiene como protagonista una Cruz de Naranjas colgada de la fachada de la iglesia renacentista de Nuestra Señora del Sagrario. Según las fuentes orales todo comenzó cuando un chico del pueblo se marchó a Valencia a cumplir con el servicio militar obligatorio —que entonces duraba tres años— y su madre, para que la virgen le protegiera y volviera a casa sano y salvo, le ofreció como promesa una pequeña cruz de hierro que aún conservan en el templo del pueblo. 

Desde entonces, los quintos de la localidad —los jóvenes que cumplen 18 años y antes tenían que irse a hacer la mili—, ayudados por los más veteranos, fabrican durante dicha noche una cruz de madera y sobre ramas de olivo le colocan dos ristras de naranjas (en alusión al destino valenciano del protagonista) que previamente han sido “cosidas” a modo de collar con un cordel de algodón o cáñamo. Al amanecer la cuelgan en lo alto de la entrada del templo para encender después una gran hoguera, una fiesta de la que disfrutan los garcinarreros, uniendo a varias generaciones para hacerla posible. Las naranjas se reparten después por las casas siguiendo la costumbre de recaudar fondos para estos quintos que antaño pasaban meses fuera de su hogar.

Garcinarro mantiene desde hace muchos años una tradición única y original. La noche del sábado al Domingo de Resurrección tiene como protagonista una Cruz de Naranjas colgada de la fachada de la iglesia renacentista de Nuestra Señora del Sagrario. Según las fuentes orales todo comenzó cuando un chico del pueblo se marchó a Valencia a cumplir con el servicio militar obligatorio —que entonces duraba tres años— y su madre, para que la virgen le protegiera y volviera a casa sano y salvo, le ofreció como promesa una pequeña cruz de hierro que aún conservan en el templo del pueblo. 

Desde entonces, los quintos de la localidad —los jóvenes que cumplen 18 años y antes tenían que irse a hacer la mili—, ayudados por los más veteranos, fabrican durante dicha noche una cruz de madera y sobre ramas de olivo le colocan dos ristras de naranjas (en alusión al destino valenciano del protagonista) que previamente han sido “cosidas” a modo de collar con un cordel de algodón o cáñamo. Al amanecer la cuelgan en lo alto de la entrada del templo para encender después una gran hoguera, una fiesta de la que disfrutan los garcinarreros, uniendo a varias generaciones para hacerla posible. Las naranjas se reparten después por las casas siguiendo la costumbre de recaudar fondos para estos quintos que antaño pasaban meses fuera de su hogar.

la cruz de naranjas

     Museo de Historia Antonio Fernández Odene 

El Museo de Historia de Garcinarro adoptó en 2017 el nombre de Antonio Fernández Odene, quien ha sido el alcalde del municipio de Valle de Altomira durante 16 años, en homenaje a su trabajo y larga trayectoria. Inaugurado en 2015, el edificio dispone de dos estancias temáticas, una convertida en 'Centro de Interpretación Arqueológica' del yacimiento de La Cava y su Entorno, con paneles expositivos que informan sobre las excavaciones y los objetos encontrados, y otra que rinde tributo a las gentes y tradiciones del pueblo con objetos e imágenes del municipio. Además, dispone de una sala de proyección y de otra para exposiciones temporales o permanentes, como la de fotografías antiguas de los vecinos de la localidad.

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     Antiguas escuelas

Como si el tiempo se hubiera detenido, en la calle de las Maestras de Garcinarro también se puede visitar la antigua escuela de primaria de niñas, conservada por un vecino por deseo de quien fue su profesora, tal y como quedó cuando en ella impartía clases hasta su cierre en 1975, con el crucifijo presidiendo la estancia, la pizarra, los pupitres, el mapa de España, los mismos libros con los que estudiaron sus alumnos e incluso la estufa de leña que hacía las veces de calefacción.

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Garcinarro antiguas escuelas

     cUEVAS-viviendas 'el vallejo', MIRADOR, TUMBAS y ermita

En Garcinarro encontramos también un conjunto de cuevas-vivienda 'El Vallejo' concatenadas y de diversa tipologia, algunas excavadas totalmente en la roca, otras combinando las oquedades con elementos constructivos de nuestros días. En su momento se utilizaron como alojamientos constituyendo la primera ocupación del pueblo, junto al arroyo de agua que entonces bajaba por ese terreno. En la actualidad, muchos vecinos se han animado a conservarlas y restaurarlas. Tras recorrer este bonito paseo podemos acceder a un mirador, situado junto a un conjunto de tumbas visigodas del siglo V, desde el que disfrutamos de unas magníficas vistas del pueblo, incluida la ermita de San Sebastián, que se erige en un pequeño cerro dentro de la población.

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Desde Garcinarro parten dos senderos de pequeño recorrido. Uno de ellos, la Ruta de los Pastores (PR-CU-44), de dificultad baja, comienza desde la Ermita de San Sebastíán, en un pequeño cerro junto a la población. Con la silueta de la Sierra de Altomira siempre presente, la primera mitad avanza hasta el paraje de 'El Pozo' y se adentra por los restos de poblados y necrópolis pasando por el Manantial 'El Piojo' y la Ermita de Santiago hasta llegar al pueblo de Jabalera, regresando a Garcinarro por una pista en paralelo al río de La Vega, por el fondo del valle.

RUTAS DE SENDERISMO

El segundo es el Camino de Albalate (PR-CU-45), de dificultad media, que arranca desde la parte más baja de Garcinarro, en paralelo a la carretera, con destino a la Sierra de Alromira. El primer tramo discurre por el valle, ganando altura poco a poco entre tierras de labor de secano y olivares. Al pie de la sierra se inicia una pronunciada subida desde la boca del ''Barranco de Pablo' por una senda que se introduce en el fondo del 'Barranco de los Perales', desde donde se afronta la subida definitiva a la cumbre de Altomira. Para volver se realiza el mismo trazado en sentido inverso.

 
Jabalera El Valle de Altomira

Jabalera

Jabalera es un pueblo de 31 habitantes perteneciente a El Valle de Altomira. En la plaza se puede ver la iglesia Santa María la Mayor y junto a ella el Rollo de Justicia, uno de los que mejor se conserva en la Alcarria conquense.

En el km. 32 de la CM-2000 (tomando un corto camino) está la ermita de San Isidro con unas bonitas vistas a la Sierra de Altomira. En el entorno de la hoz del río de Jabalera, se conservan los restos del molino hidráulico, en un paraje natural de gran belleza al que se accede por un camino de tierra.

Mazarulleque

Mazarulleque es una localidad de 68 habitantes perteneciente a El Valle de Altomira. Destacan entre su patrimonio la antigua Iglesia de San Martín (en proceso de restauración), el cerro de la muela con sus numerosas cuevas del vino bien conservadas y/o restauradas y el mirador en la parte superior junto a la casa-fuerte. La pequeña bodega familiar Vinos Artesanos Altomira se dedica a la producción de vinos ecológicos-naturales y ofrece visitas guiadas por el pueblo que finalizan con catas y degustaciones gastronómicas www.vinosartesanosaltomira.es.

En la carretera CM-2024 se encuentra desvío que lleva hasta los restos del castillo y la Ermita de Nuestra Señora de Altomira (ver ubicación en Google Maps), con unas vistas espectaculares de la Alcarria conquense.